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La Coctelera

El blog de la Fortún

Opiniones varias y demás nimiedades

30 Enero 2012

Montesquieu

 

Para certificar la validez de mi memoria navego y hallo en Internet que el autor de la frase “Montesquieu ha muerto” fue efectivamente Alfonso Guerra. Y lo dijo en aquella época en que el político andaluz era todopoderoso, España un feudo felipista y la intención confesada del segundo mandamás del PSOE, feo, no católico y sentimental, dejarla tal que no la conociera ni la madre que la parió. Guerra no es el marqués de Bradomín, con su larga lista de enamoradas, pero la de sus citas viperinas, prepotentes y malintencionadas, sí lo es. Como alargada era la sombra de su poder. Luego, por obra de la veleidosa fortuna, antes de que perdiera su partido perdió él su influencia en el “dios” de Benegas al que hoy algunos llaman “el abuelo cebolleta”. Fue víctima de su hermano chorizo, lo que le individualiza como uno de los primeros daños colaterales de la legión de corruptos que salpican miserablemente las páginas de nuestra aún corta historia democrática. Todavía hoy se le recuerda como el malote oficial y hasta se extendió la especie de que padecía la halitosis que le provocaban las barbaridades que decía. Ni la oposición ni los de su propio partido se libraron de sus pullas, y aunque cayó, nunca calló. Lo testimonian creaciones  vilipendiosas como “Mariquita Pérez disfrazada de Fernando VII” para Soledad Becerril, “Bambi” para ZP o “la señorita Trini” para Trinidad Jiménez. A Suárez lo llamó “tahúr del Mississipi” y lo más bonito que dijo del recientemente fallecido Fraga fue “cavernícola”.

Recuerdo con masoquista nostalgia a este veterano parlamentario en un momento en que Gallardón anuncia la vuelta a la Separación de Poderes que de pequeña aprendí era garantía de todo Estado de Derecho. La restitución del ilustrado barón satisface y alivia mas recelo de la pataleta de Julio Villarrubia, pues induce a sospechar que forma parte de la entraña socialista politizar la Justicia. Y termino recordando que  la defunción de Montesquieu no fue cosa de Guerra, sino de todo el PSOE, pero luego Aznar pudo resucitarlo y no lo hizo.

 

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27 Enero 2012

Digo y Diego

 

Parece inevitable que el político aguerrido, populista y reivindicativo en la oposición mute en pacífico, elitista y conformista cuando llega al gobierno. Quizá el juicio suene demasiado duro y puede que lo sea. Habrá quien prefiera pensar que el idealista se torna realista al ver los números y acceder a la soledad del poder. No lo sé. Pero contrariamente al pez que muere por la boca, nuestros gobernantes están acostumbrados a no pagar la factura derivada de la impostura que supone incumplir promesas importantes por las cuales seguramente fueron votados. Se habla ahora mucho de  sancionar a aquellos administradores que derrocharon el dinero de todos y me parece bien, aunque los mismos ideólogos que lo defienden no terminen de ponerse de acuerdo en el castigo merecido. Pero ¿qué ocurre con los que por imprudencia o ansia de poder prometieron aquello que no iban a ser capaces de cumplir? ¿Habrá que sancionarlos también? ¿Cómo? Porque a los contribuyentes que apoquinamos cada año - cada vez más- y votamos solo cada cuatro nos aportaría cierto alivio que los padres de la patria presentes y futuros –el pasado ya es irremediable- actuaran con sensatez, sin demagogias y sin llenarse la boca de incumplibles ofertas.

Viene esta reflexión a cuento en estos días cuando se avecinan las eufemísticamente  llamadas reformas laborales y del gasto o ajustes fiscales y no son más que fáciles despidos, mastodónticos recortes y subidas de impuestos. La cosa no dolería tanto si a la par el sacrificio individual no viniera acompañado del regional. Porque en Extremadura se está produciendo de hecho un parón en las estructuras que la va desposeyendo con prisa pero sin pausa de conquistas y mejoras que en un pasado no muy lejano creíamos definitivamente logradas. Y el abismo entre nuestra comunidad y el resto del Estado amenaza con hacerse más y más profundo. Lo que ante Blanco se consideraba urgente ya no lo es ante Ana Pastor y aquí estamos sin AVE, con un tren devaluado y sin aviones. Así no extraña que cada vez se oiga más aquello de: ¡Son todos iguales!

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22 Enero 2012

Villanotes

 

 

Ahítos andamos de villanotes en España, que entre el escándalo del perfecto yerno cuyo duro rostro es imagen de “MANGO…lo que sea”, los trajes valencianos, los ERE y la cocaína andaluces, la gasolinera de Blanco,  los casoplones y despilfarros de Matas, los cohechos de Fabra, los abusos de la SGAE, todo presunto de momento, estamos como Hamlet. El hombre no nos deleita, ni la mujer tampoco. En este estado de cosas, vienen unos en los que, tal vez por instinto de supervivencia habíamos querido confiar, y en una semana escasa transforman su discurso salvífico en amenazante, dan otra vuelta de tuerca a nuestro castigado cuello y nos piden, bien que amparándose en la herencia recibida, como otros antes, más sacrificios en aras de un futuro mejor, aunque nos lo fíen bastante largo. Allá para 2014. Es así que el común de los españolitos, que vemos cómo sube todo menos nuestro sueldo, nos debatimos entre renegar o tomarnos las cosas con filosofía. Y como va a ser verdad que todo está en los clásicos, algunos recordamos aquellos versos calderonianos del sabio mísero y pobre que solo se sustentaba de unas hierbas que cogía: “¿Habrá otro, entre sí  decía más pobre y triste que yo? Y cuando el rostro volvió halló la respuesta viendo que otro sabio iba cogiendo las hierbas que él arrojó.” Porque  resulta que en el ranking mundial de villanotes, aún hay quien nos gana.

Puede ser miserable consuelo percatarnos de que en Italia, los villanos son aún más sinvergüenzas y canallas que aquí. Así que oscilamos entre la risa y el llanto con la tragedia grotesca del capitán payaso, que ha patentado la excusa del siglo con aquello de “Me caí en una lancha de rescate”. El cobarde no comulgaba con lo de “Más vale morir con honra que vivir con vilipendio” y yo, aunque no crea en el Infierno de su compatriota, Dante, le deseo que durante la bochornosa existencia que le resta tras conservar su pusilánime piel, conviva con sus diablos interiores, “ojipelambrudos, cornicapricudos, perniculimbrudos y rabudos”. En nombre de las víctimas de su perdularia condición .

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20 Enero 2012

Entiéndeme si quieres

Lejos aquellos tiempos cuando el emperador Carlos contestaba al embajador francés que se quejaba de no comprender su discurso: “Entiéndame si quiere, y no espere de mí otras palabras que de mi lengua española, la cual es tan noble que merece ser sabida y entendida de toda la gente cristiana”. El soberano era más chulo que un ocho y mandaba en el mundo así que ni quiso ni necesitó ser diplomático con el gabacho. Muchos siglos nos separan de aquella Edad Moderna, donde se forjaron las monarquías absolutistas de Europa, cuyo maquiavélico objetivo era someter a las otras naciones por la fuerza de los ejércitos. Un modo de dominación fue la extensión e imposición de la lengua y a ello se dedicaron los Monarcas con afán en la prodigiosa, titánica, terrible y llena de claroscuros aventura del Nuevo Mundo.

La historia nos ha llevado a un punto en que aunque el idioma más hablado en el orbe sea el chino, es requisito indispensable para medrar hablar inglés, que es hoy la lengua de la tecnología, Windows, Apple y sobre todo del dinero. Se ha consumado el temor de Rubén Darío, quien tras afirmar aquello tan sentido de “Soy un hijo de América, soy un nieto de España” y lo de “Brumas septentrionales nos llenan de tristeza” se preguntaba: “¿Seremos entregados a los bárbaros fieros? ¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?”. Pues sí. Y de mujeres. Hoy el mundo habla inglés y los brumosos septentrionales, aunque lleven smoking granate ribeteado de negro, exploten un equívoco prestigio de chico malo, se llamen Ricky Gervais y vayan de graciosos, siguen tan tristes, fieros y bárbaros. Dudo que el presunto humorista, como tantos anglohablantes, sepa español, pero con mala educación y prepotencia se burló en los Globos de Oro de la pronunciación de Banderas y  Salma Hayek que sí hablan inglés. Antonio, podía haber respondido a lo Carlos I: “Entiéndeme si quieres”, pero, como es un caballero prefirió recitarle un poema de Calderón. Gracias Antonio, por ser un cañón, por no reírle la triste gracia, por tu elegante cabreo. En español.

 

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17 Enero 2012

Artur Mas, el Modesto

 

“Los catalanes son los pueblos más industriosos de España… Pero sus genios son poco tratables, únicamente dedicados a su propia ganancia e interés.” Con este juicio antitético en la XXVI de sus Cartas Marruecas inicia y concluye Cadalso su lúcido análisis del pueblo catalán, en el que combina elogios y críticas. Español ilustrado en el trascendental siglo XVIII, y por tanto muy moderno para su época, puede que algunos lo encuentren ahora pasado de moda. Llámenme antigua pero sus opiniones me parecen interesantes por imparciales, y como es un clásico y admiro a los clásicos, considero oportuno traerlo a colación. Claro que don José era de Cádiz. De haber nacido en Reus, seguro hubiera escrito que los catalanes destacan por su “sentido del trabajo y del ahorro, la creatividad y la permeabilidad” que es la modestísima autodescripción realizada por el presidente Mas, cuando para hacerse perdonar no sé por quién el apoyo de CIU a los recortes de Rajoy, ha paseado por la capital su presencia cesárea con el fin de esclarecer su posición favorable y de paso ensalzar los valores catalanes que no son “ni la pereza, ni el subsidio, ni la autocontemplación” del resto de España.

Nada que objetar a que un líder exponga sus motivos, por más que aunque se agradezcan sus explicaciones, su ayuda, al contrario que otras veces, no la necesita para nada el PP, cosa que me congratula en grado sumo. Tal vez la conciencia plena de que no podrá canjear votos por nada, pues don Mariano no habla catalán en la intimidad,  haya provocado la rabieta institucional y la hemorragia verbal que padeció. Y que, tras explicar su “depósito a corto plazo”, se despachara con esa serie de tópicos adobados en el consustancial victimismo antiespañolista que sufre, para cantar con soberbia las virtudes de la raza más el hecho diferencial y enfrentar de nuevo catalanes a españoles con su eterno ceño fruncido y su aire de superioridad.  Conclusión: el divorcio entre Cataluña y España solo lo impide el pacto Fiscal. ¿Les suenan pertinentes o no las palabras  de Cadalso?

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14 Enero 2012

Més que un club

 

Más a menudo de lo que quisiera no tengo más remedio que ver el fútbol. Crecí rodeada de hermanos culés, que aún ahora, lejos todos ellos de su Cataluña natal, conservan y confiesan a veces en sordina su condición de barcelonistas. Pasé en mi adolescencia algunas tardes de domingo en el estadio azulgrana que para mi hermano mayor era algo similar al paraíso. El Barça de aquel entonces no era el de ahora ni contaba entre sus filas con galardonados balones de oro ni con un entrenador famoso en el mundo entero, que cuando habla con esa voz tan bajita y esa carita guapa de bueno levanta pasiones entre sus admiradores y burlas malintencionadas entre sus detractores. (Un amigo mío, pienso que movido por el despecho, dice que Guardiola parece una monja.) A mí el equipo me provocaba la misma indiferencia que me suscita el deporte rey, aliñada con vaga simpatía, quizá porque a menudo perdían. Hoy, rodeada en mi hogar de furibundos merengues, los veo desesperarse cuando los blancos se estrellan una y otra vez contra Messi, Xavi, Iniesta y demás fenómenos y confesar con impotencia: ¡Qué buenos son los muy c…!

El domingo pasado, puede que como tributo a mi venerado padre, que, castellano en Cataluña, se confesaba hincha del Español, empecé a ver el derbi, pero mi sueño era mucho y mi pasión futbolera mínima. Sí me dio tiempo de contemplar una enorme pancarta con la estrambótica leyenda: “Catalunya es més que un club”. Los periquitos emulaban en Cornellá el lema del Barça, y tal vez la perogrullada, por testimonial u obvia fue lo que me mandó a la cama. Y es que ya cansa tanto afán reivindicativo e identitario y tanto catalanismo fuera de tiesto. Por supuesto que Cataluña es más que un club, y Andalucía y Galicia y Extremadura. Pero a ningún aficionado del Betis se le ocurriría colgar semejante banderola en su estadio. Ni del Atlético de Madrid. Y tal sensatez les honra. Quizá en eso resida el hecho diferencial catalán. En que, venga o no a cuento, ahí están ellos identificándose. Aunque no hagan más que descubrir mediterráneos. Y si hay cámaras, mejor .

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14 Enero 2012

Més que un club

 

Más a menudo de lo que quisiera no tengo más remedio que ver el fútbol. Crecí rodeada de hermanos culés, que aún ahora, lejos todos ellos de su Cataluña natal, conservan y confiesan a veces en sordina su condición de barcelonistas. Pasé en mi adolescencia algunas tardes de domingo en el estadio azulgrana que para mi hermano mayor era algo similar al paraíso. El Barça de aquel entonces no era el de ahora ni contaba entre sus filas con galardonados balones de oro ni con un entrenador famoso en el mundo entero, que cuando habla con esa voz tan bajita y esa carita guapa de bueno levanta pasiones entre sus admiradores y burlas malintencionadas entre sus detractores. (Un amigo mío, pienso que movido por el despecho, dice que Guardiola parece una monja.) A mí el equipo me provocaba la misma indiferencia que me suscita el deporte rey, aliñada con vaga simpatía, quizá porque a menudo perdían. Hoy, rodeada en mi hogar de furibundos merengues, los veo desesperarse cuando los blancos se estrellan una y otra vez contra Messi, Xavi, Iniesta y demás fenómenos y confesar con impotencia: ¡Qué buenos son los muy c…!

El domingo pasado, puede que como tributo a mi venerado padre, que, castellano en Cataluña, se confesaba hincha del Español, empecé a ver el derbi, pero mi sueño era mucho y mi pasión futbolera mínima. Sí me dio tiempo de contemplar una enorme pancarta con la estrambótica leyenda: “Catalunya es més que un club”. Los periquitos emulaban en Cornellá el lema del Barça, y tal vez la perogrullada, por testimonial u obvia fue lo que me mandó a la cama. Y es que ya cansa tanto afán reivindicativo e identitario y tanto catalanismo fuera de tiesto. Por supuesto que Cataluña es más que un club, y Andalucía y Galicia y Extremadura. Pero a ningún aficionado del Betis se le ocurriría colgar semejante banderola en su estadio. Ni del Atlético de Madrid. Y eso les honra. Quizá en eso resida el hecho diferencial catalán. En que, venga o no a cuento, ahí están ellos identificándose. Aunque no hagan más que descubrir mediterráneos. Y si hay cámaras, mejor .

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8 Enero 2012

El presidente silente

 

El nuevo gobierno enarboló el estandarte de la toma de decisiones, se ha aplicado a ello con celo y celeridad y antes de Reyes nos propina un Tributazo morrocotudo adobado en la excusa de la herencia recibida. Este hiperactivismo precoz, que propicia juegos de palabras: De Guindos se ha caído del guindo, Montoro desmontará el montaje del Bienestar, con las apresuradas contradicciones, perdón matizaciones, de los novatos, me resulta algo infantil o ingenuo, porque, si es verdad que los populares esgrimen uno de sus mantras, decidir, muchos nos tememos que las decisiones no son suyas sino de la Gran Cancillera. Alemania, harta de pagar, asiente sonriente pero aquí, aún  en sordina, le critican todos. Los que le votaron y los que no. Los últimos quizá menos, enredados en su particular Juego de Tronos. Puede que alguien esperara que los primeros pasos de un ejecutivo liberal fueran idénticos a los de uno socialdemócrata. Yo no.  Me pregunto dónde quedó aquello de hacer más con menos y mosquea el que la máxima trueque en hacer Menos con Más… impuestos. De los pocos trabajadores que quedan, claro.

Una es de natural bien pensante y prefiere creer que Rajoy no mintió, sino que no le ha quedado otra. Dicen las malas lenguas que la consigna socialista es callar y esperar, ¿les recuerda a alguien?, pues las cosas están tan mal que los peperos fracasarán y se hundirán en cuatro años. Entonces sonarán de nuevo las trompetas del PSOE. Yo prefiero que le vaya bien al PP, por una cuestión de  supervivencia patria.  Y mientras el estado anímico del español medio oscila entre el desconsuelo y la indignación, tal vez la ciudadanía recibiera con alivio algún gesto de los nuevos mandamases. Un recorte significativo de sus sueldos, prebendas, regalitos, vuelos business, comisiones de los diputados, la eliminación de cámaras inútiles y carísimas. Y una explicación. Porque díganme ustedes, ¿dónde ha quedado aquel propósito de explicar muy bien sus actuaciones? ¿Por qué, mientra el país se sacrifica, Rajoy, hace poco locuaz, es hoy  un presidente no sibilante sino silente?

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