3 Noviembre 2009

Ángel Gabilondo ha de ser por fuerza hombre eminente, sabio y prudente. Así lo atestigua su impresionante currículum donde se acreditan tres circunstancias que le confieren particular idoneidad para el cargo que desempeña: una extraordinaria competencia intelectual como prueba su 2º Premio Nacional de Terminación de Estudios y el Extraordinario de Licenciatura, toda una vida consagrada a la educación primero en Secundaria cuando pertenecía a la pía organización corazonista y después en la universidad y por último una admirable dedicación a meditar sobre temas tan alejados del común de los mortales como el ser, el no ser, la nada y otras minucias de la existencia y la esencia. Como catedrático de Filosofía y hasta ser nombrado ministro explicaba Metafísica, Hermenéutica y Teorías de la Retórica y de Pensamiento Francés Contemporáneo y había sido elegido rector de la UAM el 27 de abril de 2002. No es en modo alguno un recién llegado o un trepa. Suponer que habla de modo superfluo o imprudente es pensamiento vano. Y sin embargo tal parece cuando se le ocurre mientras todavía nos estamos reponiendo del enésimo debate educativo y de la implantación de una nueva Ley que rectifica la anterior que modificó la anterior y así hasta el infinito y más allá, iniciar otro, no para combatir el fracaso o abandono escolar, ni para homogeneizar contenidos mínimos en todas las Autonomías, ni siquiera para discutir la conveniencia de conceder o no a los maestros la consideración de autoridad como sugieren algunos, acusados por otros de enarbolar rancias banderas de intolerancia y represión, sino para imponer, sí, imponer la educación hasta los dieciocho años. Paséese el conciliador ministro –uno de los pocos en reconocer que es necesario un pacto con el PP- por los institutos y vea cómo va a obligar al Raúl, la Jenny o el Aitor a seguir estudiando hasta los dieciocho cuando lo que ellos quieren es subirse al tractor o poner una peluquería y sin duda, si una chica de dieciséis años está madura para decidir sin consejo de mamá o papá que aborta también lo está para incorporarse al mercado laboral. Educadores, orientadores y docentes conocemos lo difícil que es evitar el abandono escolar, porque contemplamos a chicos faltos de motivación cuyos padres justifican el absentismo porque el sistema educativo no les ofrece lo que quieren. Paradójicamente se abren los centros por la tarde y convertidos en lugares de ocio y esparcimiento se desvirtúa su función mientras se racanea con los cupos en los institutos, por ejemplo, de Extremadura donde se escatiman profesores de filosofía. Mientras, en nuestra comunidad, todavía no nos hemos adaptado a las ocurrencias anteriores: inundar los centros de ordenadores que funcionan mal, dedicar ingentes recursos a programas de acompañamiento, un nuevo bachillerato o una nueva selectividad donde a estas alturas de curso todavía los sufridos profesores de lengua castellana de segundo de Bachillerato carecemos de instrucciones claras sobre la prueba de Selectividad. Y como si los responsables educativos no hubieran pisado en su vida un aula, el docto ministro demuestra una flaca memoria y metido en los despachos sugiere de pronto un nuevo debate estéril por irreal. No seré yo la que me niegue a discutir sobre la conveniencia de nada pero humildemente creo que ahora no toca. Nuestro sistema educativo no aguanta una nueva frivolidad o incoherencia. Necesita un período de reposo y estabilidad para sedimentar cambios y presuntas mejoras. Rechazados aquellos itinerarios propuestos por el PP, intentar sujetar a los chicos pegados a los libros tan alejados de sus intereses es querer vaciar el Mediterráneo con un dedal. Y mantenerlos estudiando obligatoriamente más tiempo si lo que se pretende es educarlos y no entretenerlos exige unos recursos y unos cambios estructurales de tal envergadura que hoy por hoy son impensables, (en nuestra autonomía 40 millones al año, es decir el 4% más del presupuesto manejado este curso por la Consejería de Educación). No quiero admitir el pensamiento perverso de que el buen ministro ha discurrido que mientras debatimos-otra vez- no nos quejamos. O que alargar los estudios obligatorios supone retrasar la entrada en el mercado laboral y por tanto suavizar drásticamente los alarmantes índices de paro. Es decir, una nueva operación de maquillaje. Ya se les ocurrió a algunos atenuar el fracaso escolar con la promoción automática de los alumnos y eliminar el cero para mejorar artificialmente la lamentable nota media de los chicos. Ahora Gabilondo del que esperábamos sin duda un compromiso firme con la educación de calidad parece intentar hacerle un favor al triste ministro Corbacho. No es propio de su prestigio, solidez y competencia. Yo, mientras, quizás ingenuamente sugiero que dejemos ambiciosas y carísimas reformas para épocas de bonanza y trabajemos con realismo, recursos humanos adecuados y eficacia. Que falta hace.

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1 Noviembre 2009

Es sin duda legítimo o tal vez un error considerar, como el añorado poeta, que cualquier tiempo pasado fue mejor. La muerte de Sabino Fernández Campo ha revivido en muchos de nosotros agridulces momentos de la ya lejana Transición y si nos envuelve la nostalgia no es porque la situación que hoy vive España sea peor que la de entonces sino porque entonces éramos más pobres y menos libres pero también menos soberbios, más jóvenes, más ingenuos y quizá más felices. Como un anárquico collage se mezclan en mi confusa memoria las evocaciones personales de aquel apasionante alumbrar de la democracia: el noviazgo, los estudios, la sana inconsciencia de la juventud, Serrat, Mercedes Sosa , libertad, libertad, sin ira libertad, la matanza de Atocha, la legalización del PCE, la peluca de Carrillo , la puerta de Alcalá, mírala, mírala, el joven cañón vestido de pana que era mi Felipe de la Transición, la galana apostura del presidente Suárez , el verbo admirable de Herrero de Miñón - y tanta muerte, dolor y sangre inocente que durante interminables años marcó la heroica historia de una nación que supo salir de la dictadura a fuerza de trabajo, tolerancia, madurez, sufrimiento, sacrificio y talento. Después del "se sienten, coño", ganado por el Real pulso el respeto y el prestigio nacional e internacional, juntos continuamos el camino hacia el actual Estado de derecho. Esa es la España que han recibido nuestros hijos: la del bienestar y el lujo, la corrupción, las pateras, la televisión basura, la enseñanza obligatoria y gratuita, la sanidad pública, el botellón, el ladrillo, la crisis y todo lo que aquí no cabe. Y si en su construcción hubo sombras, como convertir las autonomías en Taifas ambiciosos y fratricidas, brillan más las luces. Y este es mi sentido homenaje a unos tiempos difíciles y hermosos que considero un privilegio haber vivido. Aunque me provoquen náusea siniestros personajes de antaño que no terminan de retirarse y que al hablar escupen. Como Arzallus . Es lo que tiene la mala hierba.

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28 Octubre 2009

Tras la pírrica victoria de Rajoy sobre la mínima y dulce Salgado prosigue el cainismo autodestructivo de su partido y bajo la turbia superficie corren aguas turbulentas. Ricardo Costa , campeón genuino de la patata en la boca y el cuello almidonado, todavía secretario general de PP valenciano según acta del Comité Regional del 13 de octubre, es el único chivo expiatorio en este inacabado Misterio. Destituido entre mentiras el pijo entrañable, las letrinas de un partido repletito de especímenes similares, empezando por su propio jefe y amigo del alma siguen sin sanear. Valencia bien vale un gangoso, concedió el president mientras Rajoy y sus mujeres descabezaban arbitrariamente al privado de Camps , cuyo pecado fue hacer lo que le decían. El atildado dirigente, ni siquiera imputado en toda la pestilente historia interminable, con sus pelucos millonarios y sus poco edificantes conversaciones tan comprometidas como las de cualquier otro, --"te quiero un huevo"--, terminó su carrera política engañado, humillado y lloroso en la agónica tarde en que Génova y el PP valenciano se pusieron en vergonzosa evidencia. Hoy por hoy a Camps, convertido en andrajo el traje de su prestigio, no le cree ni Fraga . Muchos simpatizantes del PP asisten indignados al sacrificio del tonto útil, acusado de nada y culpable de "no estar a la altura", mas no comprenden por qué a pesar de parecer sin serlo un pijimemo ha terminado en la cuneta mientras otros se han ido de rositas. Relegado al último escaño de la bancada popular, no ha vuelto al Parlamento valenciano pero pese a su silencio el cuentón no ha terminado. A todo esto en Madrid, donde Aguirre y Gallardón se insultan a diario, Rajoy sigue en Babia sin acertar a imponer la autoridad de la que abusó cuando le alumbró la luna de Valencia. Alcalde y presidenta esgrimen con descaro el ambicioso rayo que no cesa de su odio mientras fulminan con esmero la confianza de sus desencantados votantes. ¡Y todo el Gürtel en riesgo porque Garzón espió a los letrados!


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21 Octubre 2009

A esta izquierda que acorraló a Aznar con su ecologista plañir de ¡Nunca Mais!, su multitudinario grito de ¡No a la Guerra! y su electoralista proclama de ¡Queremos saber! le inquieta que vociferen en la rúa los que no son ellos. Con heroica insistencia y contra el legendario grito de ¡La calle es mía! se la jugó contra el poder en valiente defensa de las libertades pero ahora parece que sólo ella es la genuina depositaria de la voz del pueblo. Así la elegante vicepresidenta con irritados pelos de punta define a los que abuchearon a Zapatero en el clásico de las Fuerzas Armadas como la derecha intolerante. Tampoco el eficaz Blanco lleva bien que la multitud se lance a protestar contra el aborto y afirma que a la derecha sólo le preocupa el feticidio cuando gobierna la izquierda. Mas otros intuyen que a la izquierda sólo le preocupa la guerra cuando gobierna la derecha. Mucho antes de que la manifestación fuera un éxito ya se lo temían y andaban políticos y medios acusando a los díscolos gritones de pecados variopintos: oportunistas tapa-Gürtel, derechazas, hipócritas, manipulados y crueles por querer encarcelar a mujeres traumatizadas. “No les preocupa el aborto”, claman, “sólo quieren atacar a Zapatero”. Con escocido autoritarismo critica Aído al PP y así desoye a la calle -y a Bono- que no son los populares, ni los obispos, ni los antisocialistas, sino personas libres que consideran un espanto matar un feto de catorce semanas –o veintidós- y el aborto libre a los dieciséis años. Yo no voy a manifestaciones aunque me repugnan por igual aborto y guerra. Ellos hoy ignorarán el clamor como otros hicieron antaño y el mal no será menor por ser legal. Criticar esa ley no es odiar al Gobierno ni oponerse a que la mujer use libremente de su cuerpo porque la vida ajena que alberga en el embarazo no es su cuerpo. Muchos agnósticos, cristianos, judíos, musulmanes, humanos en fin piensan lo mismo. No son hipócritas ni de derechas. Salen a la calle y lo gritan. Yo lo escribo. .

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18 Octubre 2009

He bajado el sábado al Almonte, entre Torrecillas y Aldeacentenera. El aire es seco. Las preciosas y raquíticas lluvias de octubre han cubierto el campo de una sutil alfombra color esperanza empeñada en persistir aunque las reses y el ciego sol devoren su explosión abortada de verdor. El silencio del monte nunca es silencio. Susurra el viento entre encinas, matojos y jaras. En el camino que desciende al río, siento más que oigo huidizas carreras de animales desconocidos y cercanos,- quizá algún corzo, escapado de Monfragüe, quizá alguna cierva delgada y hambrienta-. Brilla una libélula al sol en su aérea danza, un ave solitaria ensaya su inseguro canto y ante mi enérgico paso salta un pájaro bobo. Yo camino el sendero parduzco. He dejado atrás las perezosas vacas comiendo el sustento que el hombre les procura porque la tierra ya no puede y al pacífico toro atiborrándose solemne y tranquilo con todo el poderío de su edad y su sabiduría de semental ajeno al peligro que corre su entorno. Vibra la vida en toda su melancólica plenitud. El campo es marrón, ocre, amarillo, verde oscuro y pardo. El cielo azul grisáceo. El aire suena entre triste y cantarín y huele a eterno, a antiguo, a serenidad, a libertad. Y a sequía. Y en todas partes del camino oigo a la tierra llorar: ¡Si lloviera! ¡Si lloviera ahora! Observo a uno y otro lado del río varias encinas enfermas color castaño. No me engaño ¿Se nos está secando la resistente y humilde encina? Dicen los viejos sabios de los Ibores que a esas encinas no las está matando la Seca ni la sequía. Que es un cáncer veloz, letal y desconocido. Y se lamentan: Si se muere la dehesa, ¿qué nos queda? Cuando un árbol se muere, muere algo más que un árbol, pero si son muchos los que corren peligro, lo que está en riesgo es la propia tierra. Y clamo con ellos: Algún responsable de la Junta de Extremadura tiene que tomar nota y medidas urgentes antes de que sea ¡otra vez! demasiado tarde para esta tierra nuestra, tan seca hoy, tan hermosa siempre y a menudo tan descuidada y maltratada.

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14 Octubre 2009
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Que el poder corrompe es una verdad incuestionable que para algunos constituye un axioma y para otros dogma de fe. No me refiero a los casos, menos frecuentes pero más mediáticos, en que el poderoso se convierte en chorizo sino a una corrupción profunda y sutil de orden espiritual, difícil de percibir e igual de perversa. Y esto ocurre en mi opinión porque el que alcanza el poder, rodeado inmediata o progresivamente de adulación y prerrogativas sin cuento, termina olvidando que mandar no es un privilegio sino un servicio que incluye tomar decisiones difíciles en busca del bien común y confundiendo, al aislarse de la realidad, el bien de sus administrados con el suyo propio. Por eso es tan frecuente el obsceno victimismo de los que mandan, por el que creen, en buena medida de corazón, que el otro en lugar de criticarle debería arrimar el hombro y colaborar. Es la mejor manera y la más frecuente de desacreditar al oponente. Para el poderoso, envuelto en su nube de autocomplacencia, el que le reprueba suele hacerlo por maldad e inquina personal. Así, por ejemplo, censurar la actuación del Gobierno ante el secuestro de un barco español es antipatriota, o alzarse contra la subida de impuestos, insolidario. Este mecanismo de defensa se convierte en desvarío cuando propicia espectáculos surrealistas y ridículos, donde el mandatario se convierte en un triste payaso lleno de prepotencia con un ego hiperbólico que provoca el rubor ajeno y los disparates propios. El mejor ejemplo es el del inefable Berlusconi, el hombre sin duda más perseguido del mundo en toda la historia de la humanidad con permiso entre otros de Salman Rushdie. Tampoco es mala muestra la del otro petimetre rico y provinciano que confunde el club de fútbol que preside con patrimonio personal, llama barcelonistas de mierda a los que no piensan como él e imbécil al pobrecito Presidente de pobrecita Comunidad Autónoma, profusa fuente de charnegos, que quiso hacerse famoso a su costa. Y luego va y lo cuenta. Porque criticarle a él es ser malo por antonomasia. Algo así como el Estado soy Yo pero en catalán ¡Qué peligro!
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12 Octubre 2009

Soy hija, nieta, sobrina y hermana de militares. He vivido épocas en que el Ejército se identificaba con violencia, rigor y autoritarismo. Me emociona hoy que sea la Institución mejor valorada por los españoles. Pero yo siempre percibí el mismo espíritu en mis soldados queridos. Personas disciplinadas, cuya meta es la obediencia, el valor y el servicio, que se vencen a sí mismos para vencer las dificultades. La ministra de Defensa habla de un ejército defensivo y lo considero perogrullada solemne pues el papel de la Institución militar es proteger a la Patria; aquí, en los mares del Sur o en la Conchinchina, donde haya un navío, un hospital, un colegio, un carro blindado (con o sin protección antiminas) o una misión con bandera española. El hecho de que esa defensa deba ejercerse contra individuos sin pata de palo, sin parche en el ojo y sin cara de malo, que nada tienen que ver con con Jack Sparrow ni con Hook y mucho menos con el señor Smee no significa que se deba ceder. Los piratas somalíes, no es el título de una novela de Salgari sino una amenaza terrible y real, delincuentes peligrosos que tienen el chantaje y el terror como modo de vida y a una, que comparte la angustia espantosa de las familias de los secuestrados, sin embargo le parece peligrosísimo que una nación democrática y soberana muestre debilidad ante los malvados. Pagar un rescate es el mejor modo de animarles a continuar con sus abordajes. Es humano sufrir hasta el tuétano la situación de los pescadores, entender que hay que hablar, apurar la vía diplomática y salvar las vidas amenazadas. El problema es que ceder siempre conlleva un efecto dominó. Si los piratas saben que las naves españolas van desprotegidas y que sus autoridades luego pagan, seguirán atacándolas poniendo en peligro la vida de muchas más personas. Si nunca se ha cedido ante el chantaje terrorista (y en situaciones verdaderamente angustiosas) quizá se deba empezar a pensar sin jeremiadas que cuando falla la disuasión, la mejor defensa es el ataque. 
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7 Octubre 2009

Lo sabía. Sabía que era un espejismo pero qué hermoso, cuando las personas dan lo mejor de sí mismas sin dejarse vencer por la envidia, la ambición, el miedo o el desánimo. Conforme a lo previsto, todavía no había aterrizado en Madrid el avión de Copenhague cuando ya los mezquinos, a dentelladas, expresaban sin rubor su alegría feroz por el fracaso de Gallardón aunque la injusticia la sufriera Madrid (España, ¿quién si no?) y su decepción fuera nuestra decepción, la de todos los que vibramos esa larga tarde de viernes acariciando un sueño que sabíamos imposible. Nada bastó a los vengativos. Ni vencer contra todo pronóstico el carisma de Obama y la inmensa humanidad de Michelle, ni superar la simpatía desbordante de Tokio y toda su intimidante tecnología. Movidos por el odio a un hombre solo, algunos escribidores se frotaban las manos saboreando la inminente caída del alcalde al que titulan con rencor de déspota y megalómano. Incluso algún sesudo analista político, juzgando a los demás por su propia estrechez de miras, intuía que Rajoy y Zapatero se habrían alegrado de la derrota porque un Gallardón triunfante y con los Juegos Olímpicos bajo el brazo suponía una amenaza para la estabilidad política de ambos. Yo no vi nada de eso ni tampoco los miles de españoles encandilados como yo por la grandeza del momento. Nunca estuvo el presidente Zapatero menos circunflejo y más sabio ni el Rey mostró nunca parecida majestad ni Samaranch tanta dignidad, ni Esperanza el discreto encanto de su clase. Todos estupendos, unidos por fin por un sueño común, demostrando a los españoles que se puede ganar o no ganar pero que es noble y enriquecedor luchar contra corriente. Un fracaso me dirán ustedes. Puede que sí, pero a mí me bastó verlos a todos como manchegos caballeros luchando contra los molinos de viento de los lobbys y la rotación.Y me digo a mí misma que en Corea la Selección se estrelló desesperada contra los molinos de un árbitro injusto pero siguió luchando y hoy es campeona de Europa.

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