LA GORRA DE DANTE
Siempre me han fascinado las palabras de sonidos rotundos y significados más o menos ignotos. De pequeña me dislocaban Sigüenza y antibiótico. Una noche me la pasé entera pronunciando esta última porque me hacía parecer muy mayor.
Hoy por hoy lo que me vuelve loca es el grupo de las terminadas en ex. Fíjense, si no, en látex, dúplex, córtex, Reflex o Durex, estas dos últimas no sé si con tilde o sin tilde. Todas son fonosimbólicas y estupendas. Dejando aparte las que no significan nada por ser marcas de productos farmacéuticos más o menos útiles en el amor o en el deporte, vayamos por ejemplo a IBEX. Me encanta. Aunque haya sido incapaz de desentrañar su significado. Y no será porque mi amigo Jose Hergueta con aplicación encomiable y admirable sentido pedagógico no dedicara un buen rato a explicarme lo que era. Pues nada. En mi cerebro se confunde con Míbor. Ya no recuerdo si era un tipo de impuesto o la media de no sé qué de la Bolsa o de los Bancos. ¿ O eso era Euríbor? Alucinante.
Como tengo la autoestima bien gracias, en vez de pensar que soy tonta de solemnidad he preferido creer que hay en mi cerebro una zona impermeable a cierto tipo de saberes, por ejemplo, la geometría espacial o la maldita hora, pues nunca sé por qué la adelantan o la atrasan y si he ganado una hora de vida- sueño o la he perdido. Me consuelo pensando que es un tipo de cosas por las que no tengo el mínimo interés. No estoy motivada. Por eso las olvido en el mismo momento en que me las están explicando.
Es como los muchachos. No se aprenden las cosas porque no están motivados. No les interesan. Si nos acercáramos a sus intereses penetraríamos en los arcanos de la pedagogía total.
El otro día entró uno en Jefatura. El director le había confiscado su preciada gorra. El chico llegaba realmente angustiado: -Joaquín, mi gorra. Ante la negativa de este a devolvérsela de momento, la angustia del alumno se multiplicaba: -Joaquín, por favor es que yo, la gorra, la necesito. Pensé: Si yo fuera capaz de relacionar la gorra con la literatura universal, por ejemplo... los tenía en el bote. Lo malo es que Dante no llevaba gorra, sino un tocado güelfo florentino de lo menos favorecedor, a veces adornado con una coronita de laurel. ¡Ah! ¡Misterios de la docencia! ¡Si Dante hubiera llevado gorra!