Cuestión de autoestima
Hay una diferencia abismal entre la imagen que tenemos de nosotros mismos y la que perciben los demás. Nos pasa con la voz. Cuando nos escuchamos en una grabación, no la reconocemos como nuestra. Está distorsionada. En los casos de falta de autoestima nuestra imagen es mucho peor que la que proyectamos en los otros, y así esa distorsión provoca inseguridad, complejos, traumas, timidez. Particularmente grave es el caso de la anorexia que causa en los que la padecen una falsa visión de su físico, de tal modo que se encuentran gordos, se VEN obesos en el espejo aunque su figura sea al fin “archipobre y protomiseria”.
Hay casos de desajuste entre la propia imagen y la de los demás en los que sufren depresión o ansiedad. Procesos psicológicos en los que la mente deforma la realidad y dificulta las relaciones con las personas, provocando comportamientos extraños o anómalos. Es un mal de nuestros días y fuente de mucha infelicidad y angustia.
Otros desajustes de signo contrario son más habituales en la vida cotidiana, y por fortuna más cómicos. Es un precepto evangélico que nos amemos a nosotros mismos, pero en ocasiones es aconsejable no amarse tanto. Son aquellas en que nos encontramos mucho mejor de lo que los demás nos ven. Uno se ve joven, los amigos otoñal; fantástico, los demás mediocre; extravertido, los otros un pesado; divertido, el prójimo cargante; culto, los conocidos pedante y así hasta el infinito y más allá.
En una ocasión me invitaron a una montería. Entre los asistentes me presentaron a un dentista. Había ido yo a la peluquería y engalanado con primor. Cazamos, comimos, hicimos risas, tomamos unas copas, bailamos. En estas noto noto que el dentista me mira. ¡Vamos! Que me mira mucho. Inquieta por la falta de costumbre, le pregunto a una amiga. Me lo confirma: -No deja de mirarte. El odontólogo no tiene el atractivo canalla de House, pero a una, aunque devota de la fidelidad conyugal, le emociona esa atención reverente. Cada vez me muestro más eufórica. Haga lo que haga ahí están sus ojillos sobre mí. -¡Estoy estupenda!- me digo para mis adentros.
Antes de irnos, mi médico se nos acerca: - encantado de conocerte y si vas por Madrid pásate por la consulta que te arreglo esos dos dientes de arriba que los tienes muy separados.- Juzguen ustedes lo que tardé en recuperar la autoestima.