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La Coctelera

El blog de la Fortún

Opiniones varias y demás nimiedades

30 Abril 2008

INFIERNO

Mis primeros contactos virtuales con el infierno datan de mi primerísima infancia. En la parroquia del pueblo donde pasaba con mi familia aquellos maravillosos e interminables veranos infantiles había un cuadro fabuloso. El cuadro, todavía hoy colgado en el mismo sitio de la misma parroquia, representa lo que muy pedantemente se llaman las postrimerías. Allí aparecen los salvados, los mediopensionistas y los condenados. Estos ultimos, sumidos en la desesperación, entre llamas alzan sus brazos sin poder escapar del horrible suplicio. Hoy por hoy es un cuadro bastante naïf, pero en mi infancia se me antojaba el súmmum de la truculencia y quizá por eso me pasaba largo rato contemplándolo. No sólo yo, ni sólo entonces. Todavía observo gente- sobre todo a los enanos- contemplando la pintura, no sé si con emoción, con curiosidad o con placer morboso. Probablemente sea el atractivo de la fábula o el miedo. Quizá por la misma razón las salas donde proyectan películas de terror -cuanto más gore mejor- se han llenado siempre de adolescentes.

En Barcelona, mis padres tenían una librería enorme y yo, siempre lectora patológica y empedernida, consumía literalmente las horas fascinada con los libros de Mitología, de Naturaleza –los tres volúmenes de Natura viva- una Biblia hermosísima de cubierta policromada y papel finísimo y una bellísima colección con tapas verdes y duras de letras doradas con el sugestivo título de Grandes Obras de la Literatura Universal. Allí hojeaba más que leía el Infierno de la Divina Comedia, pues ni el Cielo ni el Purgatorio me parecían tan sobrecogedores. Lo que me pirraba eran las ilustraciones de Gustave Doré con aquellos cuerpos musculosos descuartizados, abriéndose la tripa y enseñando el mondongo, practicando el canibalismo o girando en un horrible torbellino. Lo que más molaba y producía hasta vértigo era el hecho de que estaban sometidos a esos suplicios para toda, toda, toda la Eternidad. ¡Grandioso! Tal fue mi segundo encuentro con el Tártaro. A lo mejor por eso, aunque en el colegio aprendíamos todo lo que había que aprender en Religión, en el fondo de mi corazón y sin atreverme a dudar de la verdad revelada, para mí el Infierno fue, a partir de entonces y siempre hasta hoy, un mundo de ficción, presente en pinturas e historias fantásticas, al mismo nivel que la Ilíada, la Odisea o la Biblia y sus protagonistas, empezando por Dante que era tan moreno porque se había quemado la cara al deambular cerca del fuego eterno, tenían la misma entidad literaria que Aquiles, Héctor o Abraham.

Dirán ustedes que me estoy poniendo pesadita con ese terrible lugar, que empieza el puente, que es primavera y no es momento para pensar o escribir de horripilancias.Y tendrán razón, pero ¿qué quieren?, una no es dueña de sus pensamientos y de pronto un somero repaso a los periódicos produce efectos destructivos. Recuerdo que mi hijo siendo muy pequeño me contaba un día que en el cole la hermana, en clase de Religión, les había estado hablando del Infierno. Mi niño siempre tuvo una inteligencia preclara y con la sabiduría de sus pocos años añadió: “Mamá se le notaba mucho a la hermana que era una bola enorme”. Pues bien ahora que el Papa, eminente teólogo y cráneo privilegiado, tras tantos años de estudio, meditación y conocimiento de la naturaleza humana ha llegado –con matices- a la misma conclusión que mi hijo, me ha dado a mí por pensar precisamente hoy que el infierno existe. Que se lo pregunten si no, a la hija y los hijos- nietos de ese ser llamado Josef Fritzl, de nacionalidad austríaco aunque podría haber sido perfectamente natural del Círculo Segundo. Que se lo pregunten a los marineros del Playa de Bakio, a las mujeres de Afganistán, a los niños condenados a la hambruna en África, a los habitantes de Irak, a los palestinos, a los padres de Mary Luz... Ahora dice el Papa que el infierno no es un lugar, sino la ausencia de amor, y me ha dado a mí por pensar que también es un lugar y está en China, y en el Tíbet, en Zimbaue y en los poblados destruidos de la Cañada Real... Y en tantos otros me dirán ustedes. Y mi amigo Fernando Claros me dirá: “Fortunata, ya lo dijo Sartre: el infierno son los otros”. Y yo contestaré: Pues sí. Y es que aquellos Infiernos épicos y poéticos de mi infancia no son nada.

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5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Fernando

Fernando dijo

¡No vale! Me has robado el comentario. ¿Qué digo yo ahora? Bueno, recuerdo que Asimov, cuando le reprochaban que no cumplía con sus deberes como buen judío contestó: ¿Quiere usted decir que su sádico e infantil Dios me atormentará por toda la eternidad? ¿No tiene otra cosa mejor que hacer ese Padre Misericordioso.
El infierno son los otros, pero no todos los otros. Ayer, por ejemplo, estuve en la presentación del libro de Mila. Y me encontré con Hilario.

4 Mayo 2008 | 02:09 PM

hilariojg

hilariojg dijo

Queridos Carmen y Fernando: ciertamente estamos rodeados de infierno... pero el cielo afortunadamente también existe. Sólo hay que mirar alrededor de uno para encontrase a gente buena. Y allá cada uno con sus amarguras y sus envidias y sus desasosiegos. Sin ir más lejos yo conozco a un compañero del instituto que...
En fin, a buen entendedor pocas palabras bastan. Un abrazo grande como siempre. CARMEN, ESE CAFÉ!!!

6 Mayo 2008 | 08:30 PM

Fernando

Fernando dijo

En resumen: El infierno son los Otros. Pero el cielo también

8 Mayo 2008 | 12:13 AM

lafortun

lafortun dijo

Queridos mios, el infierno no existe y vosotros sois un cielo. A ver cuando nos vamos juntos de juerga o simplemente de cafes y hablamos un rato que esto de escribirse esta muy bien pero se os echa de menos

11 Mayo 2008 | 11:29 AM

Fernando

Fernando dijo

Fija tú el día y la hora

11 Mayo 2008 | 01:03 PM

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