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La Coctelera

El blog de la Fortún

Opiniones varias y demás nimiedades

29 Mayo 2008

Erótica del no-poder

A fuerza de observar atónita la actualidad política, la del famoseo e incluso la de mi vida profesional me ha dado por reflexionar acerca de la naturaleza del poder. La Fortuna es veleidosa y sorprende todavía, a pesar de las advertencias del clásico, contemplar que si hay algo que corrompa más que el poder es su pérdida. Que el poder corrompe es un axioma y no recuerdo prácticamente a nadie que se haya salvado de dicha lacra. Pero si cuando detentan el poder, muchos- no todos, siempre los hay prepotentes y chulescos- se permiten ser generosos, comprensivos, complacientes, tolerantes y hasta simpáticos- y no entro ahora a juzgar si formaba parte de su naturaleza o sólo era pose- resulta patético comprobar cómo se vuelven al perderlo. No es una cosa además la pérdida de poder de fácil curación. El rencor queda para los restos y sé de personas que nunca observaron comportamientos soberbios, vanidosos, engreídos o saboteadores, cuya vida se convierte en un pozo de amargura y envidia, mermada y, en los casos graves, enferma de muerte su capacidad para vivir y disfrutar, una vez han perdido el poco o mucho poder que antaño tuvieran.

Veamos algunos ejemplos. Empezando por el famoseo, contemplo horrorizada el patético caso del otrora buen actor Andrés Pajares. Su caída es de las que ponen los pelos de punta. Dicen los que lo saben que el detonante fue el fracaso de su último espectáculo, pero tengo para mí que la raíz es su definitiva y no asimilada pérdida de poder, el que tuviera, en el mundo de la farándula. Lo últimísimo, por escandaloso, morboso y sorprendente en ese ámbito es el nuevo affair-Ana Obregón, a la que acusan de haber pasado de Barbi geriátrica a Barbi mafiosa, según cuentan en crónicas rosas emitidas por las ondas en horas más apropiadas para noticias de mayor enjundia. La que en otros tiempos fuera pizpireta y graciosa, amén de mona y simpática pasea su recauchutada y decadente armadura por juzgados y tribunales, siempre al viento su oxigenada melena, metida en líos de personajes atrabilarios, patibularios y acusados de asesinato. Dicen los que lo saben que el detonante fue el fracaso de su última serie, pero tengo para mí que la raíz es su definitiva y no asimilada pérdida de poder- el que tuviera- en su particular hábitat farandulero y darekiano.

En el mundo de la política contemplo horrorizada lo que está ocurriendo en el PP. El antes moderado, educado y nada ambicioso registrador de la propiedad que todavía lo lidera, encomiado hasta la saciedad por sus acólitos debido a su preclara inteligencia y saber estar, atraviesa por un infierno cargado de críticas, insidias, emboscadas, golpes bajos y traiciones. Él ha perdido el norte, y los que le atacan han perdido el guía. Dicen los que los que lo saben que el detonante ha sido el fracaso en las últimas elecciones, pero tengo para mí que la raíz es su- la de ellos, la de él- definitiva y no asimilada pérdida de poder. Vean, si no, el caso de Aznar. Opino que digirió muy mal su poder -el que parece que entendió como absoluto- cuando consiguió la mayoría del mismo nombre, pero mucho peor le sentó perderlo aunque fuera voluntariamente. Por ahí anda paseando su enjuta silueta, cada vez más flaco, cada vez más mustio, cada vez más cenizo y antipático. Dicen los que lo saben que es su forma de ser aunque tengo para mí que la raíz es su no sé si definitiva pero no asimilada pérdida de poder.

Conozco personas en mi trabajo que podrían ser competentes, útiles, y magníficos profesionales porque poseen un enorme potencial. Algunas alguna vez detentaron cierto poder. Contemplo horrorizada cómo su pérdida los ha convertido en personajillos rencorosos, envidiosos y ruines, que con tal de que fracase ahora el que triunfa donde ellos no pudieron, se dedican a planear emboscadas, maquinar golpes de efecto, responsabilizar a los demás de los errores propios y sabotear el bien común sin percibir que sólo consiguen la pérdida de respeto de los que en otro tiempo los tuvieron como amigos. Han perdido el oremus y aunque dicen los que les conocen que siempre fueron así, tengo para mí que la causa está en su no asimilada pérdida de poder, por muy doméstico y mínimo que este fuera.

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Fernando

Fernando dijo

Sí. Yo también los he visto. Hoy, sin ir más lejos. Y mira que hablamos de un poder con tan poco poder que da risa. Sin embargo, en algo no estoy de acuerdo contigo. El poder no corrompe: atrae a los corruptibles.

30 Mayo 2008 | 11:32 PM

lafortun

lafortun dijo

Puede ser. A lo mejor luego se mezclan corrompidos, corruptibles y corruptos. El resultado es un olor a podrido que da yuyu.

31 Mayo 2008 | 09:21 PM

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