El anfitrión polaco

En estos tiempos duros que transcurren gratifica tener un trabajo con el que sentirse realizada, si me perdonan la cursilería. Así agradezco a diario mi profesión, a veces agotadora y frustrante pero a la vez enriquecedora. Además, cuento por obra y gracia de este blog con el privilegio gratuito de opinar sin miramientos. Incapaz de desvincular parecer y experiencia, aquí estoy de nuevo en mi osadía para compartir con ustedes una hermosa vivencia propiciada por la Agencia Nacional Sócrates como parte de un proyecto dentro del programa Comenius que me ha permitido viajar con un grupo de alumnos y profesores a Polonia. Ese hermoso país, tan lejano y frío pero tan cálido y cercano a la vez. Cerca de la helada frontera con Ucrania nos recibió en el Ayuntamiento de Przemysl el alcalde en funciones quien en perfecto inglés nos dio su bienvenida más cordial en unas pocas palabras verdaderas. Polonia es una tierra de historia heroica, gentes bellas y lengua consonántica, pero no hay barrera capaz de separar unos seres humanos de otros cuando están decididos a entenderse a fuerza de respeto, cariño, colaboración y amabilidad. Paradójicamente, allí, en aquel lejano y señorial marco, sentí como nunca -tal vez como siempre- el orgullo de la lengua que ustedes y yo hablamos. Al presentarme yo como profesora de español, nuestro anfitrión destacó en palabras inesperadas y sorprendentes cómo por circunstancias personales había podido comprobar la importancia de nuestro idioma en el mundo y la enorme variedad de gentes que lo hablan. Me invadió un calorcillo interior pues el español es mi pasión. También la sensación agridulce de que mientras en aquella remota ciudad polaca se reconocía la grandeza de una lengua que es la nuestra y es bellísima, en algunos lugares patrios esta se ve menospreciada y hasta perseguida. O ignorada en Europa donde sus dirigentes, tan cortos de miras ellos, acaban de acordar una patente europea trilingüe (inglés, francés y alemán) cegatos a la realidad. No es por nada, pero les conviene bastante aprender del culto y jovial anfitrión polaco.

Leandro dijo
Un polaco elogiando el idioma castellano, sorprendente paradoja (lo siento, no he podido evitarlo)
17 Marzo 2011 | 04:49 PM