Las razones del otro

Ian McEwan es un artista de la novela psicológica que con El placer del viajero logró una narración aterradora. Si viajan a Venecia después de leerla no podrán hurtarse al desasosiego que provoca pasear por sus callejuelas ni a la sensación de acabamiento, pérdida y tristeza de un mundo que se hunde, provocada por su decadente belleza. Amsterdam es una fábula moral cínica, feroz y extraordinariamente escrita. Mas su éxito lo debe sobre todo McEwan a sus últimos y más conocidos libros: Expiación, sobrecogedora reflexión sobre la culpa, llevada al cine con menor fortuna por la escasa fuerza del protagonista masculino y Sábado, ambientada en un Londres que vocifera contra la guerra de Irak. Hermoso cuento sobre el valor del perdón y el poder salvador de la literatura en un presente incierto al que amenaza un futuro de atentados terroristas. Sin embargo a mí la que más me conmovió fue Niños en el tiempo, donde detalla minuciosamente el difícil pero esperanzador camino de la angustia y la obsesión por la pérdida de un ser amado a la redención conseguida a fuerza de cariño, todo ello en un contexto de crítica feroz al thatcherismo. Leo una entrevista al autor con motivo de la publicación de su próxima novela sobre el cambio climático, Solar, donde vuelve a involucrarse en “el aquí y ahora”. Me sorprende su capacidad de reconocer que cuando visitó los países del Este como parte del movimiento del Desarme Nuclear Europeo mantuvo discusiones que desmontaron su postura política, pues personas “estupendas y valientes” le decían lo maravillosa que era Margaret Thatcher, (a la que el autor odiaba), por enfrentarse a la Unión Soviética, lo que le produjo una honda perturbación. McEwan es capaz de ponerse en el lugar del que no piensa como él y admitir que tenga algo de razón. Hoy no siente afecto por Thatcher pero sus esquemas han cambiado. ¡Qué difícil encontrar en España quien reconozca lo bueno del adversario sin demonizarlo como por costumbre, cerrazón o algo cercano al odio! Tal vez así veríamos más próxima la salida de este oscuro túnel.

Leandro dijo
Thatcher era malísima, el mismísimo demonio. Y Aznar. Y Kohl. Pero lo cierto es que las facturas sociales de los amables gobiernos progresistas se vienen pagando, desde hace décadas, con los ahorros de los antipáticos gobiernos liberales. Y cuando los ahorros se acaban y ya no podemos seguir pagando, vuelta a empezar. Empieza a ser conveniente, incluso necesario, encontrar un punto de cierto equilibrio. Creo
17 Marzo 2011 | 04:55 PM