Insectos palo

Julia Schneider mide 1,79, tiene cara de ángel, proporciones de 81, 64, 86, un futuro de éxitos sin fin y 15 años. La “pequeña” es aún una niña con formas sin definir, no ha crecido ni desarrollado del todo, pero, nueva Supermodelo Elite 2011, como lo fueron Cindy Crawford o Naomi Campbell, presenta a muchas mujeres del orbe, jóvenes y menos jóvenes, una imagen de delgadez y juventud imposible, un ideal estético inalcanzable y perturbador. En este mundo de obscena paradoja, donde 780.000 niños solo en Somalia morirán de hambre en 2011, una adolescente famélica cuya espalda emula la de un condenado a campo de exterminio, triunfa como modelo. No es tema baladí.
Los cánones de belleza han vinculado siempre belleza, riqueza y estatus social. Por eso las hermosas en sus palacios fueron de rosa y azucena hasta que el dorado caribeño de las que nadaban en abundancia y sol sustituyó al blancor. El prototipo escuálido no es pandemia del siglo XXI pues ya el “nunca se es demasiado rica ni demasiado delgada” de Wallis Simpson ilustró el vacío mental de una frívola y pudiente clase social, que aún domina el mundo de la moda, la belleza, la publicidad, el proceder, la alimentación y la vida toda de tantas mujeres martirizadas por voluntad propia sin saber que son objeto de manipulación. El prestigio de una alimentación cara, tiempo y dinero para gastar en gimnasios y operaciones estéticas han creado un estereotipo de belleza perverso y antinatural, frente al que Marilyn resulta una vaca y Audrey Hepburn rellenita. Diosas de la belleza son la Venus de Milo y la de Bottticelli. No una adolescente sin formas de mujer. Porque el problema del canon estético consagrado hoy es su extrema artificiosidad. La anorexia, bulimia y trastornos alimenticios se extienden en un mundo en que el hambre es condena para los más pobres y cadena para los que, teniendo comida, son esclavos de una imagen falseada. Las agencias de modelos y publicidad, los diseñadores que exhiben en sus pasarelas insectos palo y se hacen de oro con ello son responsables. Y culpables.


ruedademolino dijo
Aunque sea solo por curiosidad, me gustaría saber quien, o quienes, inventaron semejante esperpento que yo no creo que guste a ningún hombre "normal". Por lo menos, a ninguno que yo haya conocido. Es más, no conozco hombre ni mujer, que no sienta rechazo cuando las vemos desfilar con esos modelitos que, por cierto, tambien me gustaría saber qué mujer se los pone.
Saludos
11 Diciembre 2011 | 06:11 PM