Medidas agresivas

Empiezo dos mil doce con sequía absoluta de ideas positivas. El miedo al futuro me tiene colapsada -espero que transitoriamente- la máquina de pensar. Todos estábamos dispuestos a otorgar los cien días corteses de rigor al nuevo gobierno, menos CIU, que solidaria como burro con orejeras, amenaza ya con echarse al monte si no consigue su “pacto fiscal”. De Guindos y Montoro hacen de momento oídos sordos, pues cada uno habla por su lado sin coordinarse debidamente, (¡tanto que afeó Soraya la falta de coordinación!). El dúo económico no está para pedigüeños pues lo que toca es recortar, recaudar y afligir a los trabajadores cobrándoles precisamente por lo que trabajan. A ver si los Mercados se creen por fin que hay que tener confianza en un gobierno al que no le tiembla el pulso. Así, a la espera del próximo despellejamiento de marzo, impuesto por Europa, aunque sin lágrimas italianas -¡qué duras nuestras superministras!-, mientras en el PSOE encarnizado se desgarran unos a otros las entrañas, como Saturno voraz a sus hijos, en solo una semanita los ministros paren un paquete de medidas “imaginativas” al que no se opone nadie porque no hay oposición.
Todas esas medidas agresivas nos agreden en lo más íntimo, no solo por ver que el que se hartó de decir que no le molaba la subida de impuestos pues no suponían más que paro y recesión, se come sus palabras antes del roscón de Reyes, sino también porque frente a la general cortesía de los sufridos españoles, Rajoy responde con el descortés gesto de apretar de golpe tres agujeros del cinturón a una patria anoréxica y desmoronada. Y no consuela que haga de tripas corazón. Puestas así las cosas y decidida a enfrentarme a la depresión, miro ante mí el papel en blanco de una carta a los Magos de Oriente. No quiero cosas materiales, pues no habiendo material para adquirirlas sería tonto empecinarme en desearlas, así que solo demando un chute de credulidad. Nos gastamos lo que no era nuestro y ahora hay que devolverlo. Necesito desesperadamente creer que este es el único camino.
