Més que un club

Más a menudo de lo que quisiera no tengo más remedio que ver el fútbol. Crecí rodeada de hermanos culés, que aún ahora, lejos todos ellos de su Cataluña natal, conservan y confiesan a veces en sordina su condición de barcelonistas. Pasé en mi adolescencia algunas tardes de domingo en el estadio azulgrana que para mi hermano mayor era algo similar al paraíso. El Barça de aquel entonces no era el de ahora ni contaba entre sus filas con galardonados balones de oro ni con un entrenador famoso en el mundo entero, que cuando habla con esa voz tan bajita y esa carita guapa de bueno levanta pasiones entre sus admiradores y burlas malintencionadas entre sus detractores. (Un amigo mío, pienso que movido por el despecho, dice que Guardiola parece una monja.) A mí el equipo me provocaba la misma indiferencia que me suscita el deporte rey, aliñada con vaga simpatía, quizá porque a menudo perdían. Hoy, rodeada en mi hogar de furibundos merengues, los veo desesperarse cuando los blancos se estrellan una y otra vez contra Messi, Xavi, Iniesta y demás fenómenos y confesar con impotencia: ¡Qué buenos son los muy c…!
El domingo pasado, puede que como tributo a mi venerado padre, que, castellano en Cataluña, se confesaba hincha del Español, empecé a ver el derbi, pero mi sueño era mucho y mi pasión futbolera mínima. Sí me dio tiempo de contemplar una enorme pancarta con la estrambótica leyenda: “Catalunya es més que un club”. Los periquitos emulaban en Cornellá el lema del Barça, y tal vez la perogrullada, por testimonial u obvia fue lo que me mandó a la cama. Y es que ya cansa tanto afán reivindicativo e identitario y tanto catalanismo fuera de tiesto. Por supuesto que Cataluña es más que un club, y Andalucía y Galicia y Extremadura. Pero a ningún aficionado del Betis se le ocurriría colgar semejante banderola en su estadio. Ni del Atlético de Madrid. Y eso les honra. Quizá en eso resida el hecho diferencial catalán. En que, venga o no a cuento, ahí están ellos identificándose. Aunque no hagan más que descubrir mediterráneos. Y si hay cámaras, mejor .
