Entiéndeme si quieres

Lejos aquellos tiempos cuando el emperador Carlos contestaba al embajador francés que se quejaba de no comprender su discurso: “Entiéndame si quiere, y no espere de mí otras palabras que de mi lengua española, la cual es tan noble que merece ser sabida y entendida de toda la gente cristiana”. El soberano era más chulo que un ocho y mandaba en el mundo así que ni quiso ni necesitó ser diplomático con el gabacho. Muchos siglos nos separan de aquella Edad Moderna, donde se forjaron las monarquías absolutistas de Europa, cuyo maquiavélico objetivo era someter a las otras naciones por la fuerza de los ejércitos. Un modo de dominación fue la extensión e imposición de la lengua y a ello se dedicaron los Monarcas con afán en la prodigiosa, titánica, terrible y llena de claroscuros aventura del Nuevo Mundo.
La historia nos ha llevado a un punto en que aunque el idioma más hablado en el orbe sea el chino, es requisito indispensable para medrar hablar inglés, que es hoy la lengua de la tecnología, Windows, Apple y sobre todo del dinero. Se ha consumado el temor de Rubén Darío, quien tras afirmar aquello tan sentido de “Soy un hijo de América, soy un nieto de España” y lo de “Brumas septentrionales nos llenan de tristeza” se preguntaba: “¿Seremos entregados a los bárbaros fieros? ¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?”. Pues sí. Y de mujeres. Hoy el mundo habla inglés y los brumosos septentrionales, aunque lleven smoking granate ribeteado de negro, exploten un equívoco prestigio de chico malo, se llamen Ricky Gervais y vayan de graciosos, siguen tan tristes, fieros y bárbaros. Dudo que el presunto humorista, como tantos anglohablantes, sepa español, pero con mala educación y prepotencia se burló en los Globos de Oro de la pronunciación de Banderas y Salma Hayek que sí hablan inglés. Antonio, podía haber respondido a lo Carlos I: “Entiéndeme si quieres”, pero, como es un caballero prefirió recitarle un poema de Calderón. Gracias Antonio, por ser un cañón, por no reírle la triste gracia, por tu elegante cabreo. En español.
