Digo y Diego

Parece inevitable que el político aguerrido, populista y reivindicativo en la oposición mute en pacífico, elitista y conformista cuando llega al gobierno. Quizá el juicio suene demasiado duro y puede que lo sea. Habrá quien prefiera pensar que el idealista se torna realista al ver los números y acceder a la soledad del poder. No lo sé. Pero contrariamente al pez que muere por la boca, nuestros gobernantes están acostumbrados a no pagar la factura derivada de la impostura que supone incumplir promesas importantes por las cuales seguramente fueron votados. Se habla ahora mucho de sancionar a aquellos administradores que derrocharon el dinero de todos y me parece bien, aunque los mismos ideólogos que lo defienden no terminen de ponerse de acuerdo en el castigo merecido. Pero ¿qué ocurre con los que por imprudencia o ansia de poder prometieron aquello que no iban a ser capaces de cumplir? ¿Habrá que sancionarlos también? ¿Cómo? Porque a los contribuyentes que apoquinamos cada año - cada vez más- y votamos solo cada cuatro nos aportaría cierto alivio que los padres de la patria presentes y futuros –el pasado ya es irremediable- actuaran con sensatez, sin demagogias y sin llenarse la boca de incumplibles ofertas.
Viene esta reflexión a cuento en estos días cuando se avecinan las eufemísticamente llamadas reformas laborales y del gasto o ajustes fiscales y no son más que fáciles despidos, mastodónticos recortes y subidas de impuestos. La cosa no dolería tanto si a la par el sacrificio individual no viniera acompañado del regional. Porque en Extremadura se está produciendo de hecho un parón en las estructuras que la va desposeyendo con prisa pero sin pausa de conquistas y mejoras que en un pasado no muy lejano creíamos definitivamente logradas. Y el abismo entre nuestra comunidad y el resto del Estado amenaza con hacerse más y más profundo. Lo que ante Blanco se consideraba urgente ya no lo es ante Ana Pastor y aquí estamos sin AVE, con un tren devaluado y sin aviones. Así no extraña que cada vez se oiga más aquello de: ¡Son todos iguales!


ruedademolino dijo
El comentario más acertado sobre su artículo ya lo pone usted misma con las viñetas de Mafalda
28 Enero 2012 | 11:58 AM