Leer las calles

De natural y por educación conservadora soy más partidaria del orden que del caos y reconocerlo no me convierte en defensora del autoritarismo. Escribí hace tiempo que, si ganaba el Partido Popular, seguramente las calles se calentarían, como está ocurriendo apenas dos meses después de su victoria. Pues ante un presente tan difícil el cuerpo pide gritar e insultar. Uno se siente más legitimado a berrear contra los recortes si los aplica la derecha que a vociferar contra los derroches que degeneran en pobreza y paro cuando son obra de la izquierda. Leer las calles es difícil si se trata de contar asistentes pues la guerra de cifras entre protestantes y protestados es un clásico. Eso ocurre con las civilizadas “manifas” de los sindicatos ante la Reforma laboral. Unos dicen que han sido masivas y otros que para nada. Ni Cospedal ni Méndez o Toxo darán su brazo a torcer.
Pero leer las calles es fácil cuando ante nuestros ojos se despliega no marcha festiva sino montón de adolescentes amenazados, apaleados o detenidos. Y leemos la torpeza de un gobierno al que es exigible además de autoridad, exquisitos modos democráticos y prudencia. Las imágenes en televisión de niños, manipulados o no, agredidos por adultos de uniforme, cuyos sueldos pagamos entre todos para que nos protejan, auguran tiempos malos si no se rectifica. Da lo mismo si los muchachitos les insultaron, vejaron o agredieron con canicas. El reconocimiento por parte de la policía de que eran “comportamientos incívicos de gente de 14 y 15 años” a los que luego el valiente individuo llamó “el enemigo” desautoriza la tesis de presencia masiva de radicales. El desproporcionado lenguaje no justifica las desproporcionadas formas. Aunque el presidente de la Federación Valenciana de Estudiantes, Alberto Ordóñez, asegure que van a continuar “quemando las calles de Valencia”. Debe de ser que él, por ser quien es, sí se siente con patente de corso para utilizar palabras y comportamiento fascistas. Habría que deslegitimarlo sin caer en la violencia que dicho sujeto predica y practica.

